Esto es un cuento, quizás no os llene el corazón, pero mi propósito es llevaros al corazón de María y al de Jesús nuestro Dios, a un MISMO CORAZÓN.

Era Jesús pequeño todavía y ayudaba a San José en la carpintería, un día San José tubo que ir a llevar unas cajas que había hecho para un cliente, y se quedó solo Jesús en la carpintería, no sin antes darle unas recomendaciones en caso de que viniera algún cliente.

Jesús miraba a todo el alrededor mirando donde estaba cada herramienta, por si alguien le ofrecía algún trabajo o encargo, su vista se posó en un aparato de madera de pino que había arrinconado, y medio tapado por unos abrojos secos, a simple vista parecía un balancín, quizás fuera el suyo pensó, el que mis padres emplearon para mí cuando yo era pequeñín, lo destapó y vio su nombre grabado en la cabecera del mismo, grandes recuerdos de amor le vinieron a su mente al ver su nombre grabado en la madera. Cuantos vaivenes le darían en esa cuna su padre San José y su Madre María, para que no llorara, para hacerle sonreír, tras las noches heladas de frío en Belén, pero al mismo tiempo le vinieron ganas de llorar porque Él sabiendo que siendo Dios, no podía remediar las necesidades de sus padres y las suyas propias, ellos eran muy pobres, y la carpintería no daba para tanto, ya que la bondad de San José impedía que hubiera ganancias, a muchos no cobraba nada, porque los veía mas pobres que ellos.

Jesús imaginaba cuanto le hubiera costado hacer esa cuna balancín, y la alegría de María al verla, porque era preciosa La tapó de nuevo como estaba y siguió observando todo el taller.
Jesús contaba diez años y ya pensaba como una persona mayor, se sentía responsable y ayudaba mucho a San José en la carpintería, cortaba maderas, alisaba las caras, hasta distinguía el tipo de maderas con solo verlas. Cuando asistía al templo para su aprendizaje muchas veces los mismos doctores de la ley le daban encargos para el templo, y él los acogía contento, y rápidamente se los pasaba a su padre San José para que los hiciera. Esto hacia de Jesús un niño responsable y muy atento a todo lo que ocurría a su alrededor.

San José lo abrazaba y su Madre también al verlo alegre porque contribuía ayudar en la economía de la familia.
San José todavía no llegaba y el Niño se impacientaba, el se veía capaz de hacer algún trabajo sencillo, pero si era difícil, y había que hacer fuerza, no sé si lo podría hacer, pensaba.

Abrieron la puerta y pensaba que ya venía José y se encontró con Tobí, un amigo de tantos que tenía. Jesús amaba a sus amigos y pronto empezó a explicarle cosas que Él hacía. Tobí le miraba asombrado de todo lo que le iba explicando, después mirando hacia el rincón le señaló la cuna balancín y su nombre grabado en la cabecera, Tobí soltó una exclamación, "Ah", ¿qué pasa dijo Jesús?, Tobí le dijo: mi mamá ha tenido un hermanito y quiere que yo lo tenga, pero no tengo mucha fuerza para levantarlo, y ella quiere que yo lo cuide mientras ellos buscan para darnos de comer, porque somos muy pobres ¿sabes?, y le escuché a mi papá que le decía a mi mamá, "¡hablaré con José a ver si tiene algo para el niño, Él que es tan mañoso!". y al ver la cuna balancín......

El corazón tierno de Jesús se estremeció, pensando que a ellos no le haría falta y a Tobí sí, pero pensó: ¿si se la doy, ¡qué dirá mi papá José cuando se entere!, y pone mi nombre en la cabecera. Rápidamente sacó una herramienta y comenzó a rascar su nombre, para dársela, pero le dolía hacerlo ya que estaba muy bien grabado con fuego, y le dijo a Tobí: ¿Cómo se llama tu hermanito?, y él le contestó: ¡Cómo tú!, sin pensarlo le dijo: ¡Llévatela, pero cuando sea grande como tu, me la devuelves, eh Tobí!.

La descubrieron del todo y había paja dentro, Jesús le ayudó a transportarla hasta la puerta, y en esos momentos entra San José y los ve con la cuna balancín, Jesús se quedó mudo y no supo que decir, después de un, rato de silencio, José les dijo: ¡Hijo con eso no juegues, que me costó muchos sudores y tu Madre la cuida como un tesoro! El niño le contestó: papá se la he dado para su hermanito pequeñín, y le he dicho que me la devuelva cuando sea grande! José no supo que contestarle al niño, pero conociendo la situación de la familia de Tobí, asintió con la cabeza, y el mismo cogiendo la cuna y los dos niños fueron a la casa de Tobí, a llevarle la cuna.

Mientras comían José le explicaba a María lo de la cuna, y el gran corazón que tenía su hijo, María al momento se levantó de la mesa y se dirigió hacia Jesús con los brazos levantados, lo levantó con sus brazos y besándolo le decía: ¡Hijo mí, no te canses de hacer el bien!, y sentándose de nuevo lo meditaba en su corazón.
El Niño satisfecho pensó: "mi Mamá también se la hubiera dado a Tobí, porque Ella es muy buena y quiere mucho a los niños"
Esto me hace pensar que los tres corazones de la sagrada Familia Jesús, José y María son un sólo corazón, y lo que pidamos a uno de ellos, se lo pedimos al otro.

El corazón Inmaculado de María es semejante al de Jesucristo, porque el de Jesús fue engendrado en carne y sangre de María, y si Jesucristo se derrite por nosotros, mas se derretirá con su Madre a la que ama con todo su corazón, y todo lo que le pidamos a María lo conseguiremos de su Hijo, y lo que pidamos a San José, lo conseguiremos de Jesús, porque se lo estamos
pidiendo a un MISMO CORAZÓN. Angel